¿Quién dijo que la comida de las dietas es aburrida?

La mayoría de las veces que nos vemos con unos kilitos de más vamos al nutricionista: nos mide, nos pesa y nos da una dieta semanal para seguir hasta que lleguemos al “peso ideal”. Casi siempre dice “pechuga de pollo a la plancha, sin aceite”, “ensalada de zanahoria, chauchas hervidas y un tomate chico”, “una taza de caldo”.  En este artículo propongo que le pongamos más sabor a estas comidas, para que no terminemos odiando los alimentos que tan bien nos hacen.

Empecemos por las técnicas de cocción. El método de hervir vegetales es bueno para no incorporar grasas o aceites a nuestro plato, pero desde el momento que los alimentos entran al agua, empiezan a perder sus nutrientes. Para mejorar esto, propongo cocinarlos al vapor. Existen varios tipos de vaporeras: hay metálicas (se colocan dentro de la olla, con una pequeña cantidad de agua), de bambú (se acomodan encima de la olla cargada con agua) o eléctricas (con un depósito de agua y compartimentos superiores para la colocación de los alimentos). Esta técnica nos ayuda a retener las vitaminas y minerales, como así también los colores y las texturas, lo que hace a nuestro plato de comida más sabroso y llamativo; entonces, por ejemplo, las chauchas que al hervirse quedan grisaseas y casi sin gusto, se van a ver de un verde brillante y con mucho más sabor. Esta técnica sirve tanto para vegetales como para pescados y mariscos: el pescado por ejemplo, queda mucho más sabroso y fácil de manipular que al hervirlo o al hacerlo a la plancha, ya que la mayoría de las veces se nos rompe y quedamos con un filet desmenuzado, que no era lo que esperábamos.

Otra forma de hacer que la comida de nuestra dieta sea más apetitosa es incorporándole condimentos nuevos. Recorramos dietéticas, supermercados, casas de especias. Siempre vamos a encontrar algún “polvito mágico” que realce el sabor de nuestra materia prima. Sigamos con el primer ejemplo de las pechugas: en vez de hacerlas sin nada, completamente sosas, probemos agregarle un buen curry amarillo, hay muchas variedades: los hay picantes, especiados y aromáticos; solo es cuestión de comprar una pequeña cantidad y probar. Otra opción que queda muy bien con el pollo es el romero, una hierba robusta que le da muchísima personalidad al suave sabor de las pechugas. En cuanto a los vegetales, los podemos “marinar” antes de cocinarlos. Marinar quiere decir sazonarlos previamente con condimentos o vinagretas, también podemos usar una combinación de ellos y vamos a obtener un plato súper sabroso y original. Una mezcla especial para verduras es: mostaza, una pizca de comino, coriandro molido, sal y pimienta.

Sugiero poner en práctica estos consejos, y tengo uno más: aprendamos a comer y disfrutemos de cada vegetal, cada legumbre, cada carne… Conozcamos más sabores, estimulemos nuestro paladar, seamos osados en la cocina. Y a los padres, les propongo que incorporen a los chicos en la cocina, siempre con todos los recaudos posibles, y seguramente ellos lo van a disfrutar, y después de todo es un momento más que pasan con sus hijos. ¡Buen provecho!


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